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LA MIRADA DE LA MOVILIZACIÓN DESDE LOS OJOS DE UN HINCHA

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Crónica de investigación adelantada por dinamizadores miembros del observatorio «Minga y Paz» de la UAIIN-PEBI-CRIC.

El que ama los colores, ama la bandera.
Línea de resistencia Sur Oriente- Bogotá, D.C.

LA MIRADA DE LA MOVILIZACIÓN DESDE LOS OJOS DE UN HINCHA

observatoriomingaypaz@uaiinpebi-cric.edu.co

Una sola bandera que contiene la diversidad como país multiétnico y pluricultural

Un par de chivas hacen arribo a uno de los puntos de resistencia de la Ciudad de Bogotá, el 20 de julio del año 2021. Eran alrededor de las 11 de la mañana. El sol capitalino que quema, pero no se ve, acompaña la jornada. Un letrero indicando la ubicación, muestra que estamos sobre la Avenida décima con calle veintisiete. Punto conocido como Línea de resistencia Sur Oriente.

En el mismo momento en el que La Minga asoma sus colores y su música, un puñado de muchachos, niños, niñas, abuelitas y todo el vecindario, se acercan para cantar el himno de la Guardia Indígena a manera de bienvenida y de reconocimiento, el que se ha venido formando en el amor y el compañerismo en medio del Paro Nacional iniciado el pasado 28 de abril.

“La memoria no se censura” recita un mural que de fondo caracteriza visualmente el resultado de todo el tejido comunitario del que fuimos testigos. Este mural, reconocido en todo el país por haber sido víctima de un ataque a la memoria, cuando la cobardía se hace presente en las noches donde nadie logra verla, es fiel muestra de la resistencia de quienes nos reciben. El mural guarda muchas historias, pero no nos adelantaremos. Vamos por partes.

Se resiste en la unidad que congrega sin distingo de color, raza, sexo o ideología, todos como uno solo alrededor de la olla comunitaria

Las sonrisas y la emoción son tan grandes que estallan también los abrazos, la música acompaña los pasos y todos parecemos bailar de alegría. Nos abrazamos, saludamos, sonreímos como si fuéramos amigos que no se ven hace tiempo. Los comuneros y comuneras bajan de las chivas en medio del cariño, el recibimiento es amoroso, cálido y muy familiar. El territorio es donde está el cariño, y el cariño es también la olla ardiendo y las doñitas haciendo los honores en la preparación del alimento, está ahí como símbolo de cuidado, garantizando la permanencia y la comodidad para poder dejar la palabra. Aparecen voces que al micrófono saludan y dicen con palabras lo que ya hemos visto en los gestos y las miradas.

Las autoridades indígenas en medio de la emoción, que se revela al encontrarse dos visiones diferentes, pero con un mismo objetivo, también tienen un momento para dar un saludo de fuerza y resistencia, la resistencia que camina hace más de 529 años en américa, y poco menos en los territorios del Suroccidente del país y que ahora como semilla se expande por todo el territorio nacional.

En medio de tantas almas, hay una que nos acompaña para este ejercicio de conocernos más de cerca. A nuestro compañero lo llamaremos “Duque”, pues es así como le conocemos cuando intenta orientar la fila para que los que llegaron con la esperanza de recibir a la minga, también puedan recibir el almuerzo en una de las esquinas del barrio.

Las fronteras invisibles que separan las tribus, se cayeron para unir a un pueblo que nunca fue oído

Duque” el nuestro, el de la resistencia suroriente de Bogotá, es un muchacho que a ojo de águila no supera los 30 años, padre de una niña y fanático del fútbol e hincha del Club Deportivo Millonarios. Esto fue lo primero que supimos de él, pues tenía su prenda puesta con mucho orgullo, como muchos otros muchachos que le acompañaban. “Duque”, para este encuentro descubre su rostro y también el corazón. En sus ojos se percibe una mezcla gigantesca de sentimientos: le acompaña la esperanza, la rabia, el cansancio, el amor y las ganas pero sobre todo la esperanza; este sentimiento que le impulsa a luchar por todo aquello que le ha sido negado a lo largo de su vida, es muy insistente al decir que todo eso negado no le ha sido negado solamente a él, sino a todas las personas que hoy se encuentran movilizadas en las calles exigiendo un cambio real. Es la falta de oportunidades, las pocas garantías para acceder a una vivienda digna, la falta de atención en salud o mínimas condiciones para la ocupación del tiempo, trabajo, cultura, educación (Para Julio de 2021 el número de desocupados en Colombia fue de 3,5 millones de personas, 1,1 millones de personas menos que en julio de 2020, pero, mayor en 827 mil personas respecto a julio de 2019-Fuente DANE – GEIH).

“De pronto aquí nadie sepa las leyes, pero acá cada uno sabe qué queremos lograr. Que, si la mamá de uno necesita que la atiendan en el hospital, pues que ella no se muera esperando la cita y por eso, cada vez llega más gente, porque sabemos por qué estamos”

A Duque lo atraviesan muchas emociones cuando habla, menciona las condiciones de segregación a la que las barras futboleras son lanzadas y cómo a partir de esa negación social a sus formas de vivir se han impulsado a unirse y entonces hacer que el rumbo de la Historia cambie un poco. Habrá que recordar entonces que luego de que la Movilización social tumba la reforma tributaria del Gobierno de Uribe-Duque, también se hunde la reforma a la salud a mediados del mes de mayo, luego de casi un mes de protestas nacionales. Son logros que van dejando la sensación de haber alcanzado el objetivo y entonces, aparecen otras necesidades, pues el pueblo colombiano y sobre todo las y los jóvenes han sido objeto de violaciones de derechos por parte del Estado en todos los ámbitos de su vida.

El sólo hecho de no contar con condiciones para el desarrollo de infancias sanas y juventudes con oportunidades, lo desesperanzador que es crecer en realidades tan precarias constituye un golpe, pero también una razón para pretender lograr el cambio. Sin duda, un logro del que Duque también es consciente en medio del paro nacional, también es la posibilidad de juntarse y descubrir tanta fuerza en la unión.

Avanza entonces, en la dinámica de creer que así mismo como les une la pasión por el futbol y el amor a un color, se puede vencer en la lucha por amor a un país y a los colores de la bandera.

“Mi Club, es el amor más grande que yo tengo por eso yo sé que el que ama los colores ama su bandera”

A lo largo de lo que ha sido el paro nacional, el barrismo ha estado presente en cada jornada de movilización, los muchachos han puesto sus voces, sus gritos, su aguante, sus trapos, han ofrecido sus cantos como un gran repertorio propio de los hinchas al servicio de una causa justa y noble: lograr que Colombia sea un mejor país para todos y todas. Que eso de “dar la vida por los colores” se haga real, con la plena intención de lograr un mejor futuro para todas las personas en el país, desde los niños hasta los ancianos, desde el sur hasta al norte de Colombia.

Las resistencias de los incomprendidos, buscando el eco de la sociedad que mira sin ser protagonista de la historia, para hacer parte de ella a través de la solidaridad

Entregar la vida para un hincha de verdad, siempre ha sido parte de la tarea que se quiere dar a entender a todos los que ven esto como cosa rara, los que creen que ser hincha es señal de destrucción y vandalismo y temor; estos hinchas durante el paro demostraron que es unidad, que es compañerismo, que es fraternidad significada por todos; resultó bastante extraño que para un país que ama el fútbol y cuenta horas en regresiva para poder ver a las estrellas haciendo rodar el balón; en un país donde “todo” se detiene ante un partido de la selección, y noventa minutos de tiempo que no se pagan por nada, se haya tomado una determinación tan drástica como no permitir que se jugará la copa más representativa de este continente sur, es histórico para todos los que pensaban que con “pan y circo” se podía apaciguar el sentimiento colectivo que llevó a iniciar este movimiento un día de abril. Lo valioso, por demás es, que ahora se piense en entregarla toda por la Tricolor como ofrenda en el camino de obtener como resultado, una victoria: La popular celebrando un campeonato.

Son estos muchachos, los protagonistas de lo que muchos llaman “El Estallido Social” los mismos que pese a su amor por el fútbol se opusieron a que Colombia fuese sede de La Copa América, pues se negaban a “manchar la pelota” porque mientras los mercaderes de la pasión futbolera hacían transacciones con ella, la vida de la tribuna se encontraba peligrando en las calles, a manos de las fuerzas estatales que sin piedad silenciaron varias voces que antes gritaron “¡gol!”.

De “Verdad y Libertad” a “La memoria no se censura”

La memoria es una de las disputas más grandes en medio de las recientes protestas, es por esto que el ejercicio de recordar a través de las paredes se convirtió en un motivo de ataque al pueblo movilizado. Esto pasó con el mural del que hablamos al inicio. Un grupo de bachilleres de la Policía Nacional, aprovecharon una noche de ausencia en el punto de resistencia Suroriente y taparon el mensaje inicial que decía: “verdad y libertad” hecho con la intención de alzar la voz por los desaparecidos y contra los montajes judiciales en medio del Paro Nacional, una jugada más del gobierno nacional contra la protesta social. Es luego de este atentado, que los muchachos de suroriente, se disponen a poner este mensaje: “LA MEMORIA NO SE CENSURA” como un ejercicio de reivindicación a la memoria de a Don Raúl Carvajal, el padre del soldado asesinado en medio del terror de lo que fueron los llamados “Falsos positivos” y quien a sus 73 años fallece dejando un legado invaluable de fortaleza y resistencia. El homenaje a don Raúl también se trata de la lucha por recordar, de aquello que también ha venido defendiendo la misma Minga Nacional y que Duque agradece a las comunidades movilizadas, que con su compañía han dado un mensaje contundente y es, que se junte pueblo con pueblo, va a ser el camino. Este agradecimiento se da el primer día en que la Minga hace presencia en la capital, Duque se desplaza hasta donde se encuentra la minga, llega empapado por la lluvia con el único objetivo de decir: Gracias.

Y aquí va la esperanza: se encontraron los pueblos hermanos, los que con sus distintas formas de hacer las cosas han luchado por un mejor futuro, quienes están convencidos de que su lucha no es individual sino colectiva, que el resultado será el buen vivir para todos los seres y que por eso vale la pena y la alegría darlo todo, ofrendarlo todo.

Duque se despide porque debe ir a coordinar el resto de las actividades que harán durante el día en Resistencia Suroriente. El agradecimiento es mutuo y el abrazo también. Hubo un momento para recordar a quienes ya no están y a propósito de ese recuerdo, hace una invitación a todas las barras futboleras del país y a todo el pueblo en Colombia para unirse por el cambio pues es ahí donde está la victoria.

Los bombos siguen sonando y las voces alentando a la Minga y al barrio, la jornada apenas empieza y la resistencia es mucha. Entre sonrisas nos vamos alejando y resistencia Suroriente se eleva entre su gente, es la alegría popular el único y más importante lenguaje.

Hijos del cemento, de frente en resistencia por un futuro en el hoy