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La Resistencia al calor de la olla, y la diversidad

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Una sola bandera que contiene la diversidad como país multiétnico y pluricultural

Ya suman en Colombia 84 días de paro, es un 20 de Julio día nacional y emblemático en el que se gestaron los primeros aires capitalinos de independencia, por el hoy famoso florero del señor comerciante español José González Llorente, el cual fuese pedido en préstamo por el señor Luis de Rubio con el fin de usarlo en la cena de visita para el comisario real Antonio Villavicencio, un criollo nacido en Quito. Siendo como hoy en día, marcadas las diferencias de sangre, en su momento sangre pura de nacidos en la madre España y sangre impura de nacidos en estas “pobres” colonias sin abolengo; pues bien el florero fue quebrado dando paso al llamado y declarado hoy en día en color rojo en los calendarios como el día de la independencia, pero que no fue más que hacer una redistribución de poderes y riquezas locales, que en su época se gestó y no cambio las profundas diferencias que marcan el llamado “pureza de sangre” que aunque no lo creamos, en un país tan mestizado, aún perviven los sentimientos de superioridad frente a los diversos colores de nuestras pieles, ojos y cabelleras.

En este 20 de julio, llegamos en chiva comuneros y comuneras, gente del común que se unieron al llamado, desde los distintos pueblos del departamento del Cauca; familias, niños, niñas, jóvenes y autoridades indígenas para seguir resignificando y demostrando al apoyo a los puntos de resistencia de la ciudad de Bogotá.

Los llamados “puntos de resistencia” organizados durante todo el tiempo del paro, han estado nutridos de una diversidad que, si bien pone de protagonista a la juventud, detrás de ellos, están también otras fuerzas acompañándolos: la fuerza del amor y el cuidado, la fuerza de la organización, de la sabiduría que da los años, de quienes personas del común que día a día han sido el pilar de los hogares y familias colombianas. Diversidades que se ha tomado las calles reclamando condiciones de vida digna para todos y todas en Colombia desde este 28 de abril. Las calles se encuentran inundadas de reclamos que llevan a un solo propósito tener una vida digna, una vivienda digna, una salud digna una comida digna y trabajo digno. Es por esto que encontramos en estos espacios no sólo jóvenes como se dice en muchos medios locales y nacionales, también encontramos niños y niñas, adultos, abuelitas, abuelitos, gentes con empleo y sin él, gentes con deudas a los bancos, gentes sin techo, familias enteras que a la movilización van juntos remplazando la costumbre de ir a la misa o el culto, yendo al punto de resistencia o a la movilización cual si fuera una cita imperdible.

En este recorrido, la minga visita la localidad de Usme, al suroriente de la capital. La localidad se encuentra separada del casco urbano principal de la ciudad, aunque incluye varios barrios del sur con extensas zonas rurales; según la página de la alcaldía de Bogotá, tiene una extensión de 21.506 hectáreas de estas, 2.120 corresponden a suelo urbano, 902 ha se clasifican como suelo de expansión urbana y las restantes 18.483 ha constituyen suelo rural. Dice la historia oficialista, que Usme fue un territorio de disputa por tenencia de la tierra durante la época colonial y hemos podido ver que, si aquello se trató del valor de su gente, hoy día ese valor se conserva. ¡qué energía la de Usme! Usme, cuenta con sitios de interés colectivo como: el Parqué el Virrey, Polideportivo La Andrea, Polideportivo Valles de Cafam, Estadio la Aurora, Polideportivo Villa Alemania, Parqué Famaco y Parque San Cayetano; sin embargo toda la movilización del paro  ha hecho surgir un nuevo sitio de interés colectivo, un letrero gigante sobre el puente elevado llamado el puente de la dignidad  en la Av. Caracas con calle 76 B sur nos anuncia que hemos llegado a “Usmekistán” un espacio de lucha y resistencia que durante el paro nacional ha sido muy escuchado por toda esa diversidad que mencionaba antes. El solecito nunca deja de acompañar, pero la lluvia tampoco. Bogotá tiene esa particularidad de hacernos entrecerrar los ojos por lo picante del sol y ponernos chaqueta porque al mismo tiempo hace harto frío.

unidos en resistencia bajo el puente de la dignidad

El sonido del bombo y el tambor

La energía de la gente de Usme aumenta al golpe de los tambores, está presente una batucada que anuncia que estamos en carnaval, en el carnaval de la resistencia. Muchos ojos expectantes a los llamados del viento como si realmente pudieran verlo, muchos oídos conectados al corazón vibrando como si fueran un temblor. Hay una muchachada grandota pendiente de todo lo que pasa, una bandita de niños y niñas jugando en medio de la calle; está la venta ambulante de la señora del tinto y los cigarros, la de papita con salchichón de vitrina en un andén, el señor que nos prestó un lapicero para apuntar un número de teléfono que además arregla zapatos y hace mala cara, pero resultó siendo buena gente.

Una tarima que cruza toda la calle presenta los músicos que ponen la cosa sabrosa, que alientan con la melodía y la cantada para que el ánimo no baje. El recibimiento en Usme es increíble a los ojos, son cientos de almas juntas, voces coreando las músicas que suenan y algunos pies danzando. No faltó el himno de la guardia que es como el nuevo himno nacional, todo el mundo lo canta y lo baila y ahí estaba Usme, tan grande como habíamos imaginado y tan viva como si las balas del Estado no hubiesen llegado nunca… un minuto de silencio, esto último ya es demasiado entusiasmo.

Rompiendo el silencio a través de la música se resignifica la música

La paz del futuro

Acá nos encontramos a nuestra amiga, a una que los muchachos le dicen: Mamá. Adoptada en el movimiento de la esquina, en uno de los barrios de una localidad que ha sido tan golpeada por el olvido y la marginalidad. Ellos adoptan una mamá y ella adopta a un puñado de hijos. ¿qué será el anhelo de la paz sino un sueño desde el amor? ¿qué será el amor sino lo que siente una madre por sus hijos? A ella le llamaremos “La Mamá”, con la intención de proteger su identidad y deseando que nunca la alcancen los señores de la muerte.

A “La Mamá” le brillan los ojos a pesar de la tristeza que carga en ellos, quise entender ese brillo como esperanza, la esperanza que ella tiene de vencer y lograr la paz que tanto hemos anhelado en este pedacito de tierra, pues fue lo primero que manifestó para darle razón a semejante acto de tener tantos hijos en menos de 3 meses y en medio de un Paro Nacional.

Mamá ha sido una mujer verraca, como ella misma se describe, a quien la pobreza le ha impedido prepararse para la vida, inició este paro siendo madre de 4 hijos y en lo corrido de él, va en 25. Llegaron 21 muchachos más a acompañar su camino. Muchachos que ella ha cuidado, alimentado, guiado, escuchado y consolado cuando ha sido necesario. Muchachos que han tenido otra madre, pero que en medio de la lucha encontraron una más, alguien que está con ellos día y noche, sin descanso y sin remordimientos.  Dice que ahora sí entiende todo lo que le tocó a su madre y su abuela, que está cansada de la corrupción del gobierno y que su lucha es por sus hijos, pero también por todos los hijos de todas las madres de este país.

Recoger semillas no sembradas para resignificar la vida

“El Paro me abrió los ojos”

Antes de la dinámica surgida del Paro Nacional, nadie hubiera dado crédito a la fuerza de las mujeres en medio de una lucha tan peligrosa, que por demás siempre ha tenido de protagonistas a los hombres cual, si estuviéramos en una guerra, el combate visto sólo desde la fuerza. Las comunidades ya han caminado bastante enseñando la palabra desde el amor compañero que pone el cuidado en ese lugar tan significativo para todos los seres. El cuidado, la paciencia, la sabiduría y el amor, ese trabajo que, aunque no es exclusivo de las mujeres, si es normalmente reivindicado por ellas: las mamitas, las mayoras.

Dice Mamá, que aquí en el paro encontró un espacio para sentirse útil, para saber que podía hacer más de lo que hacía en casa y viendo hacia el cielo, me dice que agradece a Dios haberla puesto en la calle desde el 28 de abril. Fue con una amiga y su hermana creyendo que iba a ser una jornada más de movilización a la que ellas ya estaban acostumbradas a acompañar, pero terminó quedándose, construyendo una nueva familia al calor de la lucha, de la olla, del cariño, incluso del dolor. Abrir los ojos no ha sido fácil, abrir los ojos ante la realidad que nos asecha seguro no lo es y viendo a Mamá, sólo con verla, se puede percibir que sus razones en efecto están acompañadas de cansancio. Como no pudo acceder a educación básica ni profesional, no ha podido acceder a un trabajo digno que le ayude a apoyar a sus hijos y su hogar, esto ha generado que experimente la realidad agobiante de no saber qué va a pasar y que su trabajo, aunque es diario no ha sido nunca bien remunerado, en cambio, lo que es diario es la angustia. Ahora mismo que las mujeres enfrentan una lucha propia por hacer que todo ese trabajo doméstico sea reconocido y remunerado, Mamá encuentra en el paro nacional el espacio idóneo para pelear por ella, sus hijos, su familia y ahora, sus muchachos.

La juventud que la sociedad observa sin futuro, se empodera del paro para resistir y luchar por los sueños colectivos de la sociedad

“Nosotras las mujeres somos más verracas, yo misma me lo he demostrado”

Puedo ver una mujer orgullosa de sí misma por todo lo que ha hecho en medio de este Paro Nacional, ha podido superar una vocecita interna que siempre le dijo que no iba a poder. Lastimosamente, en medio de toda esta experiencia, me cuenta, ha perdido su familia. A raíz de su ausencia en la casa, de su trabajo acompañando a la Primera Línea de Usme, su hogar sufrió un cambio muy abrupto y desde hace varias semanas no puede estar con sus hijos, sus primeros 4 hijos, está atravesando por una separación de su esposo que le ha dejado varias enseñanzas, entre ellas, recordarse a sí misma que ha podido con mucho durante toda la vida y que esta vez también lo hará. “no he perdido nada todavía”, me dice y con lágrimas en sus ojos confiesa que ha sido muy duro, que extraña a sus hijos, pero insiste en que todo lo que hace, es por ellos, por su bienestar y porque se niega a seguir dejando que las cosas pasen y no decir nada. Una madre está más cerca de entender la realidad del país apropósito de las leyes nefastas que pone el mal gobierno para hacerle la zancadilla a las familias en Colombia. Fueron las mamitas las primeras en “brincar” por el aumento de los costos a la canasta familiar y de aquel descontextualizado ministro que dijo que los huevos eran a mil ochocientos pesos. Las mamitas alentaron a toda una sociedad a indignarse, porque el sueldo no alcanza para al menos comer bien las tres veces al día que son debidas. las mamitas con su proyección a futuro, ese mismito que cuando le dicen a usted que se va a caer, sino hace caso se cae. La sabiduría del oficio.

Cuando se toma la voz por los que no pueden salir, no pueden caminar, no pueden trabajar, se empodera la juventud a través de la unidad

El fueguito de la olla atiza la llama del corazón.

Una actividad que ha reunido todas las comunidades en resistencia del país en lo corrido de estos últimos meses, pues existe una necesidad humana a la que hay que prestar muchísima atención, aquella que atiende nada más y nada menos que el hambre, primer motivante de este estallido social. La olla comunitaria: Si la pancita está llena, el corazón está contento y en este país abundan los corazones tristes.

El hambre, la negativa a poder tener mínimamente algo qué llevarse a la boca diariamente lo que se llama en el Cauca indígena la “olla comunitaria” y que ha sido adoptada en los puntos de resistencia en la medida que el movimiento indígena fue llegando y además de dar un discurso de todo lo más que estaba pasando fueron compartiendo los saberes de la resistencia a calor de la comida compartida donde nadie se queda sin comer, ni se acuesta con hambre. Esto ha llevado a que se tejan al calor de la olla conversas de todo tipo, las que pasan por compartir formas de cortar la cebolla y las recetas para que el arroz quede sueltico, como por preguntarse de quién es la tierra para sembrar y entonces empezar a hacer huertas comunitarias en cuanto pedacito verde queda a pesar del asfalto en las ciudades, a contrarrestar las selvas de cemento. Los poderes de la olla son los poderes de la comunidad, los que se fortalecen con la solidaridad que dice que donde come uno, comen dos y así sucesivamente y entonces hemos empezado a preocuparnos por la madre tierra que es la que da el alimento, por quienes han sido custodios de esa comidita que nace de la semilla y del trabajo de la tierra y entonces encontramos que otros mundos son posibles. La olla ha sido la excusa para conocerse entre los manifestantes; cuenta La Mamá, que así es como se conocieron con las comunidades indígenas de Sumapaz. La Primera Línea aprendiendo de las comunidades, a picar la papita y a saber por qué se lucha, han tenido conversas muy provechosas en las que comparten sus experiencias y sobre todo a manejar las cosas con calma, como lo hacen en el páramo, sin afán, pero con fuerza. Como la excusa ha funcionado, los vecinos en Usme se han unido para apoyar a los muchachos, se han unido para comprobar que a todos les hace falta su plato de comida y que, si en este nuevo hogar se puede dar la comida, lo demás vendrá por añadidura. Entonces, la fuerza de la comunidad ha estado en esa unión, en la posibilidad de reconocerse en algunas desgracias que antes creyeron vivir solos y solas pero que en el paro ha podido quedar en evidencia que se ha tratado de múltiples políticas de Estado que le arrebatan a la población y las comunidades la posibilidad de vivir en paz, con dignidad y justicia y que todos y todas están llamados a transformar.

La Mamá, es una mujer muy valiente y como el amor por sus veinticinco hijos, su esperanza es enorme y aunque hablando a veces se le quiebra un poco la voz, está convencida en que van a poder y van a triunfar, que cuando acabe todo esto volverá a reunirse con sus cuatro hijos y que habrá dado todo para tratar de construir algo diferente para ellos; un país más justo, en el que los muchachos no tengan que salir de él para poder estudiar o tener un futuro mínimamente digno: “Si me han de matar que me maten luchando, pero sé que si muero, es por mis hijos” Una mamita siempre está dispuesta a darlo todo, a ofrendarlo todo y cuando lo único que se tiene es la misma vida, pues no habrá acto más noble.

Los muchachos empiezan a buscar a La Mamá al percatarse que hace un largo rato no está con ellos, ella se inquieta un poco y afirma que esta lucha va por buen camino, dice de manera muy seria que en esta lucha nos estamos jugando la libertad para Colombia y que debemos ganar. A manera de despedida menciona a las personas que ya no están como un pequeño paseo por su memoria, recuerda pues, a todos los chicos que se han ido luchando y a sus madres, al dolor de perder un hijo que no puede ser consolado o calmado de ninguna forma, pero con esperanza dice que aquí siguen por ellos y que por eso es tan importante el apoyo de todos y todas. Esta lucha va hasta que la población vulnerada pueda comer, sembrar, estar tranquilos, que los niños puedan salir a la calle, que un chico se gradúe de bachiller y vaya inmediatamente a la universidad, que haya trabajo y no deba migrar de su país y una vez hecho esto realidad, la victoria será indiscutible.

La Mamá me regala un abrazo, y se va diciendo lo emocionada y agradecida que se siente por nuestra compañía en Usme y dice: “Vea mamita es que si el pueblo colombiano se uniera, todos los políticos tendrían que temblar” y en efecto, temblarían.

La Minga debe salir de Usme tras la llegada de agentes del Esmad, a quienes nuevamente no les interesó que en el lugar se estuviese desarrollando una jornada cultural y arremetieron contra la población y las y los comuneros. Luego de dejar un mensaje de fuerza y resistencia somos nosotros, el conjunto de almas que en un chiva se despiden del territorio de Usmekistán, con sus manifestantes alertas y acompañándose entre todos, incluso desde los balcones, atentos a socorrer a quien hiciera falta.

Dicen en una película colombiana muy conocida: ¿a usted para qué le sirve la dignidad? Puede verse hoy a la gente de Usme practicando la solidaridad como un lenguaje de amor cotidiano y constante. Porque en barriga llena…

Con el estómago lleno es muy fácil decir que todo está bien, pero cuando más de la mitad de nuestra sociedad no tiene con qué comer, la minga congrega en la comunión de la comida que une en la diversidad; todos incluidos bajo un plato de comida nos hace felices “barriga llena corazón contento”